miércoles, 25 de mayo de 2011

Cinco consejos del Salmo 37



No te impacientes a causa de los malignos… Confía en el Señor, y haz el bien… Deléitate asimismo en el Señor… Encomienda al Señor tu camino… Guarda silencio ante el Señor, y espera en él.
Salmo 37: 1, 3-5, 7

“No te impacientes a causa de los malignos”. El mal siempre debería interpelarnos, pero el denunciarlo con firmeza, el no pasarlo por alto, no debería crear en nosotros un espíritu de venganza contra los que lo cometieron. Al contrario, Jesús nos enseña a orar por ellos. Abrigar amargura anularía cualquier posibilidad de perdón. Pongamos nuestra confianza en Dios, quien sabrá encargarse de nuestro asunto.


“Confía en el Señor, y haz el bien”. Esta confianza en Dios nos incita a hacer el bien, y para ello la vida de Cristo nos sirve de modelo: él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Una fe profunda en el Señor nos conduce a imitarlo por amor y no por conveniencias.


“Deléitate asimismo en el Señor”. Aprendamos a hallar nuestro gozo en el Señor Jesús, leyendo la Palabra de Dios. Su perfección moral cuando hacía el bien, su sumisión y su humillación en la cruz nos unirán a esta persona, la única que es digna de nuestra adoración.



“Encomienda al Señor tu camino”. Si nos gozamos en el Señor, sencillamente pondremos toda nuestra vida en sus manos. Él conoce nuestras necesidades, ora por nosotros y se encarga de nuestro futuro.


“Guarda silencio ante el Señor, y espera en él”. Dios nunca actúa demasiado pronto ni demasiado tarde. ¡Él siempre interviene en el momento oportuno! Para sentir su paz, escuchemos su precioso secreto: esperar “en él”, confiando en sus promesas.



Fuente:LaBuenaSemilla.net

lunes, 23 de mayo de 2011

Pentecostés



(Jesús dijo:) Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador,para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad.
Juan 14:16-17

Según el capítulo 2 del libro de los Hechos de los Apóstoles, el día de Pentecostés el Espíritu Santo vino a esta tierra para habitar en cada creyente y en el conjunto de los salvados, es decir, en la Iglesia. El Señor Jesús lo llamó “Consolador”, lo que también puede significar “abogado”. Entonces el Espíritu Santo se encarga de nosotros, nos ayuda y nos consuela. ¿Cómo se traduce este servicio caritativo en cada uno de nosotros?

Generalmente, sólo mediante el Espíritu Santo podemos comprender lo que Dios quiere comunicarnos en la Biblia. Cuando leemos y estudiamos la Escritura, él nos guía a toda la verdad y hace que la persona de nuestro Salvador nos sea grande y preciosa (1 Corintios 2:10-13; Juan 16:13-15). Él nos asegura nuestra filiación de hijos de Dios al dar testimonio a nuestro espíritu “de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). Nos guía en nuestras oraciones e intercede por nosotros “conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27). Se preocupa por nosotros para que nuestra esperanza por la gloria de Cristo permanezca viva (Romanos 15:13).

El Espíritu en nosotros también es la fuerza que necesitamos para servir a Dios como le agrada (1 Corintios 12:4-11). Él obra en nosotros para transformarnos cada vez más conforme a la imagen del Señor (2 Corintios 3:18). El Espíritu Santo no sólo es el poder para todo servicio, sino también la fuente del poder de nuestra nueva vida.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

¿Qué es un Cristiano?



A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
Hechos 11:26.

Antioquía (sur de la actual Turquía, en la frontera siria) era la tercera ciudad del imperio romano, después de Roma y Alejandría. Desempeñaba un papel clave para el comercio de la época. Era una ciudad muy corrupta, en la cual reinaba una gran inmoralidad. Fue en esa ciudad difícil en donde unos sencillos creyentes anónimos anunciaron la Buena Nueva de la salvación por Jesucristo. Muchas personas creyeron este mensaje y se convirtieron al Señor (Hechos 11:21). Su vida cambió tanto que el nombre de cristianos, “los que son de Cristo”, fue empleado por primera vez en ese momento.

Dos mil años después el término cristiano sigue empleándose, aun cuando su sentido a menudo, y por desdicha, haya sido desfigurado. Para ser cristiano, para ser de Cristo, es necesario haber nacido de nuevo, haber nacido del Espíritu (Juan 3:3, 7). Este nuevo nacimiento no se recibe mediante el bautismo, sino por la fe en Jesús, muerto y resucitado. Es un nuevo comienzo. El que ha nacido de nuevo tiene una nueva vida que le permite conocer a Jesús, amarle, honrarle y vivir en comunión con él.

Le transcribimos un pensamiento de un cristiano que vivió hace cuatro siglos: «El cristiano es un hombre que no vive para sí mismo, sino para Cristo y para su prójimo. Para Cristo por la fe, para su prójimo por el amor. Mediante la fe se eleva por encima de sí mismo hasta Dios. Para Dios, él se dedica por amor a su prójimo. Sin embargo, siempre mora en Dios y en su amor».



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viernes, 20 de mayo de 2011

Un Golpe Duro



Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes,
extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos,
viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador,
y su amor para con los hombres, nos salvó.
Tito 3:3-5.

Roberto tuvo una abominable juventud. Pero después de acudir a Jesucristo se convirtió en un fiel predicador del Evangelio. Una noche, cuando entró en la sala donde debía hablar, un desconocido le dio un papel que decía: «¡Usted es un hipócrita! Debería refrescar su memoria. ¿Ya no se acuerda de tal y tal cosa…? ¿Tiene el valor de levantarse esta noche y predicar el Evangelio en esta sala?».

El golpe fue duro. Roberto subió al estrado, abrió su Biblia y leyó: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). Hizo una pausa y luego empezó a hablar: «Ahora, cuando entré en esta sala, me entregaron una nota. El autor de esas líneas, que me conoce, me acusa de haber llevado una vida escandalosa en el pasado. Con respecto a eso tengo que hacer tres observaciones:

1. La persona en cuestión tiene toda la razón. El pasado no puede ser borrado y reconozco con vergüenza y tristeza las faltas de mi juventud.

2. Todo me ha sido perdonado, porque cuando confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonarnos, y esto gracias a la obra de la salvación que Jesús cumplió en la cruz.

3. Si Dios puede perdonar una culpa tan grande como la mía, si pudo perdonar al primero de los pecadores, entonces no hay nadie que no pueda recibir el perdón divino».



Confía es que cuando entregas tu vida a Cristo tus pecados pasados han sido borrados, no permitas que nada, ni nadie, te roben la paz y la certeza de tu nueva vida.



Que Dios te bendiga por siempre



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lunes, 16 de mayo de 2011

Agradando a Dios



” Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”Isaías 43:7
Glorificar a Dios debe ser la meta principal de mi vida. Agradarle con lo que soy y con lo que hago, por agradecimiento a todo lo que Él ha hecho por nosotros…amándonos primero. Veremos en la vida de Abraham características de un hombre que agradaba a Dios.

Un corazón que obedece
Génesis 12:1-9. Abraham obedece al llamado de Dios de dejar todo para seguirle a Él…no le importaron los costos, levantó sus tiendas, sólo buscando obedecer a Aquél que le llamaba. A donde iba, no lo sabía; le bastaba saber que iba con Dios.
¿Cómo es mi obediencia a Dios? ¿Mido el costo? La verdadera obediencia implica tomar nuestra cruz diariamente. Cada paso en la vida cristiana, muchas veces, envuelv e un altar donde hemos ofrecido algo de nuestra vida o sepultado nuestros propios deseos.

Un corazón que le ama
Génesis 22:1-14. Abraham es probado por Dios y sale victorioso mostrando que le amaba por sobre todas las cosas. “La única prueba verdadera de amor, es cuando estamos preparados para hacerlo todo, por la persona a quien lo profesamos” (Meyer)
“El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama”

¿Puedes ver a Abraham recogiendo los leños, edificando un altar…volviéndose al joven Isaac para amarrarlo y ofrecerlo a Dios? ¿Amo yo a Dios de esa manera? ¿Es más importante que mis seres queridos? Pongamos nuestro “Isaac” sobre el altar…

Un corazón que confía
“Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraha m sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.” Génesis 22:3-5

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Hebreos 11:17-19

Abraham estaba seguro que de alguna manera Dios cumpliría la promesa. Meyer dijo: “Mientras estamos viviendo sosegadamente en medio de circunstancias favorables y sin perturbación, la fe duerme como un tendón no desarrollado en nuestro cuerpo; un hilo, un germen, una idea. Pero cuando somos empujados en medio de circunstancias difíciles y no tenemos de quien depender, sino de Dios, entonces la fe aumenta repentinamente hasta hacerse un cable, una encina reina del bosque, un principio dominante en la vida”

No miremos las dificultades que estorban el camino, sino el maravilloso poder y la gran fidelidad de Aquel que hizo la promesa

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org

lunes, 2 de mayo de 2011

Una decisión de la que uno no se arrepentirá jamás



No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.
Romanos 1:16

Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Filipenses 3:8

El Evangelio compromete a quien lo acepta. No se trata de una adhesión superficial a una idea, sino de un trabajo interior del corazón y de la conciencia. Algunas personas no quieren saber nada del Evangelio porque precisamente perciben que es un poder que transforma la vida de quien lo recibe. Se dan cuenta de que no pueden aceptarlo a la ligera. Pero nunca he conocido a alguien que se arrepienta de haber aceptado a Jesús como su Salvador personal.



El apóstol Pablo sufrió mucho a causa de su fe. Fue perseguido, golpeado y encarcelado, sin embargo en ningún momento echó de menos la vida que había vivido antes de su conversión. Su relación con Dios y la paz que llenaba su corazón hacían que no envidiase a nadie. Incluso en la cárcel escribió: “Para mí el vivir es Cristo”. “Regocijaos en el Señor siempre”. “La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 1:21; 4:4, 7).


Aún hoy el Evangelio es presentado a todos, no como si se tratase de un producto para probar, sino como un poder que libera y hace que la vida tenga sentido.

“Hasta alcanzar todas las riquezas de pleno conocimiento a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (Colosenses 2:2).



Fuente:LaBuenaSemilla.net

martes, 5 de abril de 2011

¿Salvos o perdidos?


Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9


Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Romanos 4:5


Si hay algo de máxima importancia es nuestra condición ante Dios. ¿Cómo unos seres culpables y tan limitados podrían hacer lo suficiente para apaciguar a un Dios ofendido y conseguir sus favores? ¡Es imposible! Pero no es casualidad que la palabra «evangelio» signifique «buena nueva», pues Dios es un Dios de gracia y ofrece la reconciliación gratuitamente.

Dios es aquel que da, que ama y que, como es Dios, no pide nada a cambio. La gracia es por definición una acción gratuita. Lo único que hay que hacer es aceptarla y agradecer a Dios por ese regalo. ¿Le parece demasiado sencillo?


Querer hacer algo para obtener la salvación significa vivir en la insoportable angustia de no haber hecho lo suficiente y encerrarse en una serie de reglas que uno cree que son fuente de salvación. De este modo uno niega el Evangelio de la gracia, el poder ilimitado del amor del Dios Salvador, y rehúsa creer en la veracidad de sus promesas.

Sin embargo, ¡Dios nos ama! Él demostró que somos pecadores: “No hay justo, ni aun uno”. “Todos pecaron” (Romanos 3:11, 23). Pero su amor se desplegó en la cruz cuando su Hijo llevó el castigo que nuestras malas acciones merecían. El precio que Jesucristo pagó es lo que le permite a Dios perdonarnos. ¡Me salva por pura gracia!


Fuente:LaBuenaSemilla.net

No se nace Cristiano, pero se llega a serlo


En otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Romanos 11:30.


(Jesús dijo:) De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Juan 3:3.


¿Cómo se llega a ser cristiano? Algunos creen que son cristianos porque tienen un conocimiento aproximado de las verdades cristianas: fueron bautizados y siguieron una enseñanza religiosa.


Otros reconocen la existencia de un Dios creador; otros nunca faltan a los oficios religiosos y siguen ritos y tradiciones, sin hacerse demasiadas preguntas. Sin embargo, no se nace cristiano porque los padres son cristianos. Tampoco se llega a serlo por medio de estudios teológicos en un seminario o en un instituto bíblico, ni por haber recibido una instrucción religiosa.


Entonces, ¿cómo se llega a ser cristiano? La Palabra de Dios nos dice que para llegar a ser “hijo de Dios” es necesario el “nuevo nacimiento”, es decir, arrepentirse y, por la fe, aceptar a Jesús como Salvador. Estoy perdido, lejos de Dios, soy pecador. Por eso necesito ser salvo y tener una relación con Dios, cosa que sólo Dios puede darme si confío en él.


Depositar su fe en Jesucristo, creer y confiar en él, es algo muy distinto de lo que es una religión, pues la religión no salva, pero Jesús sí. “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).


“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).


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viernes, 1 de abril de 2011

La abuela de la Biblia


Así alumbre vuestra luz delante de los hombres. Mateo 5:16 Les reconocían que habían estado con Jesús. Hechos 4:13 Mi esposa siempre responde con amabilidad y benevolencia a todo el que le pide un favor. Cierto día, cuando estábamos en nuestro puesto para presentar la Biblia en una feria de exposición anual celebrada en nuestra ciudad, un hombre se detuvo, saludó a mi esposa muy amablemente y la animó a continuar con lo que hacía para el Señor. Entonces se dirigió a su mujer y le dijo: «¿Sabes? ¡Es la abuela de la Biblia!».

¿A usted no le gustaría que le llamasen así? Sus compañeros, vecinos y conocidos, ¿dicen de usted «es un tal o cual de la Biblia»?

Así animaba el apóstol Pablo a los creyentes de Filipos: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha… resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida” (Filipenses 2:15-16).

La mayoría de las veces Dios no nos pide que hagamos cosas prodigiosas, sino que demos testimonio de él dentro del pequeño círculo donde nos ha colocado: “En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad)” (Efesios 5:8-9).

Pero para mostrar la vida de Jesucristo a nuestro alrededor, ¡primero es necesario poseerla! ¿Conocemos el mensaje de la Biblia? “Éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).


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miércoles, 23 de marzo de 2011

Honrar el Matrimonio


Maridos, amad a vuestras mujeres,
así como Cristo amó a la iglesia,
y se entregó a sí mismo por ella.
Efesios 5:25.

Vivid con ellas sabiamente,
dando honor a la mujer como a vaso más frágil,
y como a coherederas de la gracia de la vida,
para que vuestras oraciones no tengan estorbo.
1 Pedro 3:7.

El matrimonio fue instituido por el Creador antes de la desobediencia del primer hombre, mientras éste estaba todavía en el paraíso. El libro de Génesis enseña: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Cuando Jesús estuvo en la tierra confirmó estas palabras, agregándoles una seria advertencia: “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:3-6). Esto subraya la importancia del matrimonio.

El hecho de estar devalorizado en los países llamados cristianos muestra claramente el bajo estado moral de estos últimos. La unión libre, el adulterio y el divorcio no sólo son causas de sufrimientos para los cónyuges y sus hijos, sino que constituyen en primer lugar una ofensa grave para Dios, quien instituyó el matrimonio.

Tal como Dios lo estableció, el matrimonio es el reflejo de la relación de Cristo (el esposo) con la Iglesia (la esposa). El apóstol Pablo nos da a conocer ese misterio (Efesios 5:22-23). Por eso, el marido y la mujer que quieren agradar a Dios escuchan las instrucciones divinas a fin de vivir la relación de casados según sus enseñanzas. Conscientes de su debilidad, buscan fortalecerse mediante la oración y la lectura de la Biblia, pidiéndole que los mantenga fieles, para que sean uno en Cristo en la tierra.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

lunes, 21 de marzo de 2011

La entrada gratuita

Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
Hechos 8:20

Así dice el Señor:… sin dinero seréis rescatados.
Isaías 52:3

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
Efesios 2:8

Nuestra sociedad parece estar gobernada por el dinero, lo cual contribuye a aumentar las desigualdades de forma cruel. Pero, en un mundo donde todo se compra, Dios ofrece gratuitamente el agua de la vida (Apocalipsis 22:17). Junto a él, en ese país a donde quiere llevarnos, no hay circulación monetaria. Es un lugar donde disfrutaremos de una felicidad perfecta y eterna.

La entrada es gratuita, pues Dios no es un comerciante: él da, pero no vende. “¿Hará él estima de tus riquezas, del oro, o de todas las fuerzas del poder?” (Job 36:19).

Pero Dios tiene sus exigencias: él da libre entrada en el cielo a los que son salvos por la obra de Cristo. Mas nosotros, pecadores como somos, ¿Podremos entrar en el cielo? ¿No debemos temer ser rechazados? ¡No! Si hemos reconocido nuestra culpabilidad y creído en el sacrificio de Cristo, sabemos que alguien pagó en nuestro lugar.

Jesús expió nuestros pecados mediante su sacrificio. Fuimos “rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). “Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo…

Fuente:LaBuenaSemilla.net

jueves, 10 de marzo de 2011

Hágase tu Voluntad


“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). Esta petición sobreentiende que deseamos lo que Dios quiere. En el cielo la voluntad de Dios se cumplió sin obstáculo ni demora. En la tierra esta voluntad está como ligada a la del hombre. Dios acepta que su acción dependa de este último, a quien considera realmente libre y responsable.

Pero el hombre se obstina en resistir a Dios de manera abierta o solapada. Es una rebelión que empezó ya hace mucho tiempo y va intensificándose a medida que la criatura se eleva mediante los adelantos tecnológicos y científicos y se cree independiente de su Creador.

Sin embargo, la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Nosotros, cristianos, tenemos mucha dificultad para desearla verdaderamente debido a nuestra propia voluntad independiente, que no conseguimos dejar de lado. Tenemos tendencia a hacer sólo parcialmente la voluntad de Dios y nuestra vida se vuelve mediocre.

Sigamos el ejemplo del Señor Jesús, quien se gozaba en hacer la voluntad de su Padre. ¡Que nuestra felicidad consista en hacer Su voluntad antes que la nuestra! Así podremos vivir en comunión Él, en nuestros momentos de oración y en todas nuestras actividades del día.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

jueves, 3 de marzo de 2011

El Libro de Dios

Escudriñad las Escrituras.
Juan 5:39.

Bienaventurado el varón…
que en la ley del Señor está su delicia.
Salmo 1:1-2.

Muchas personas piensan que la Biblia es un libro complicado, aburrido, desfasado o incomprensible. Sin duda nunca han abierto este libro, o apenas lo han hojeado. Quizá también lo asocian con aquellos que apelan a él, pero que no viven conforme a lo que él enseña. Entonces miran la Palabra de Dios con mala cara, desconfiando de todo lo que se llama cristiano.

A pesar de los prejuicios de algunas personas, la Escritura es el mensaje de un Dios que nos ama, es un maravilloso alimento para el alma, un guía seguro e infalible para aquel que desea una existencia armoniosa. Desde la primera línea anuncia a los hombres una gran y tranquilizadora noticia: no están solos en la inmensidad del universo. Dios existe, es el autor de toda la creación y ama profundamente al hombre, pese a sus extravíos.

Ante la variedad de problemas que acosan a nuestra generación, el optimismo y los esfuerzos de aquellos que aún creen poder cambiar el curso de las cosas ya no bastan. Frente a sí mismo y a su problema, el hombre mide su impotencia y la profundidad de su soledad. Constata la vanidad de sus esfuerzos, la insuficiencia de su voluntad y la fragilidad de su condición.

Entonces, qué felicidad conocer, por “las Sagradas Escrituras”, que Dios vela sobre nosotros con paciencia y amor, que su infinita bondad es una realidad visible, que su justicia tendrá la última palabra, y más aún, que él dio a su Hijo Jesús para demostrarnos su amor de modo indiscutible.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

Como un niño


Señor… me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre.
Salmo 131:1-2

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 5:7

El niño acurrucado en el pecho de su madre es la representación de la confianza y del bien­estar. Está satisfecho más allá de todo lo que pudiese desear. Esto es así para todo niño que tiene el privilegio de tener una madre buena y cariñosa.
Pero cuando el niño crece, a menudo esa sensación de bienestar se ve reemplazada por la inquietud, pues tiene que entrar y arreglárselas en el turbado mundo de los adultos.

¿Esta paz sólo existe en la infancia? Algunos creen que sí. Las condiciones de la vida moderna son muy estresantes para muchos, y eso a pesar de los avances de la ciencia y de la tecnología que aseguran una comodidad innegable y cierta seguridad.
¡Pero incluso en un mundo turbado, todavía es posible experimentar la paz!
Por la fe en Jesucristo tenemos paz con Dios y pasamos a ser sus hijos. Es un Padre lleno de compasión y nos cuida. Nada se escapa a su control. Conducidos por Jesús hacia esta feliz relación con su Padre, aprendemos a gustar la paz, la paz de Dios.

Entonces podemos abandonar todo aquello que nos turbe: el sentimiento de culpabilidad, el orgullo, la inquietud, los celos y muchas cosas más.
De este modo podemos vivir por la fe, bajo la mirada de Dios. La paz rebosará de nuestro corazón y la serenidad llenará nuestro espíritu.
Fuente:LaBuenaSemilla.net

lunes, 28 de febrero de 2011

“Mi corazón está dispuesto, oh Dios…”

Cuando alabamos, adoramos, oramos; le decimos al Señor que estamos dispuestos para Él. ¿qué implica esto?

La disposición es más que un solo decir “cuenta conmigo”. El disponer es una acción de entrega y compromiso que hace revisar qué nos mueve en nuestra vida. Y el estar dispuesto no es una acción fácil.
Revisemos la definición de la palabra para entender un poco mejor qué significa estar dispuesto.

Disponer : Colocar, poner las cosas en orden o en la situación necesaria para lograr un fin.

Para disponer de algo primero debemos tenerlo. No puedo lograr algo si no tengo los recursos para hacerlo. En nuestro caso, Dios nos ha bendecido con capacidades, dones. Todos tenemos recursos, de hecho con ellos trabajamos, estudiamos, nos movemos, vivimos. Es interesante ver con qué facilidad podemos enumerar los recursos con los que nos movemos día a día; pero si hacemos una lista paralela de nuestros recursos dispuestos para la obra de Dios, puede que esta sea un poco mas corta… ¿Cuáles son las capacidades que Dios nos regaló? ¿las conozco, las he explorado? ¿las uso para la obra?

Para disponer tenemos que ordenar las cosas.
Simplemente no puedo realizar una empresa si primero no he ordenado la situación para llevarla a cabo: si quiero realizar un viaje debo ordenar la lista de las tareas y así disponer las cosas: el tiempo con el que cuento, el dinero que necesito, el vehículo, etc. Y sin duda algunas cosas son más importantes que otras.

Pero no resulta fácil ORDENARNOS. Ordenar, significa establecer una jerarquía, dar un lugar a cada cosa. Y allí es donde a veces fallamos. El lugar donde ponemos nuestro corazón, donde dejamos nuestra vida; las prioridades, las urgencias que llenan nuestro tiempo día tras día, hacen alejar nuestro corazón de la disposición al Señor. ¿Cuáles son las prioridades que dominan nuestro corazón? ¿creamos la situación necesaria para los fines de Dios? ¿debemos reorganizar los lugares de nuestro corazón donde están puestos nuestros intereses?

¿Acaso tenemos un corazón dispuesto?
Un corazón dispuesto ha co locado a Dios en su lugar y ha ordenado todo según la voluntad del Padre.
Un corazón dispuesto ha entendido cuáles son los recursos con los que el Creador lo ha dotado y los reconoce como instrumentos exclusivos de su autor.
Un corazón dispuesto ha comprendido que lo principal es el propósito para el cual hemos sido creados.

El corazón es el motor de nuestra vida y un corazón dispuesto bombea en la dirección que el Señor guía, porque ha ordenado todo según su voluntad.
Revisemos nuestro corazón, ordenemos nuestras prioridades para que Dios disponga de nosotros.

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
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