martes, 18 de marzo de 2014

Seguridad en medio de la inseguridad



Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7
 
A los temores del pasado (miedo a las epidemias, a las guerras, a las hambrunas…), que mantenían a los hombres en la ansiedad y a veces aterrorizados, se añaden los problemas actuales: contaminación creciente, crisis financieras, nuevas enfermedades, terrorismo, etc. Para huir de todos esos miedos más o menos latentes, ¡cuántos recursos ofrece nuestra sociedad! Tomamos calmantes, alcohol, estupefacientes… Nos refugiamos en el activismo, vamos de ocio en ocio…

La Biblia nos dice que todo aquel que confía en Dios puede tener una verdadera seguridad. La describe mediante diferentes imágenes: una torre fuerte, un refugio, un abrigo, un castillo, las que evocan la idea de un umbral, de una puerta que hay que pasar. Esta puerta, dice la Palabra, es Jesucristo (Juan 10:7). Él nos permite acceder a esa paz que tanto anhelamos. Murió para que nosotros tuviésemos la paz, la paz de la conciencia porque nuestros pecados fueron perdonados, incluso la paz del corazón en las situaciones más angustiosas, porque “Dios es por nosotros” (Romanos 8:31), porque Dios está por encima de todo.

Creer en Jesucristo no siempre transforma las circunstancias de nuestra vida; el cambio se produce primeramente en nosotros mismos. Podemos aprender, mediante la fe, a vivir tranquilos y confiados, incluso en los períodos de inestabilidad e incertidumbre. Jesús nos dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27).

© Editorial La Buena Semilla

martes, 2 de abril de 2013

Reflexiones sobre la oración


Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.
Efesios 6:18
 
El objetivo número uno de la oración no es recibir primeramente los dones de Dios, sino recibirlo a él mismo.
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La oración no puede estar separada de la lectura atenta de la Palabra de Dios. La una no puede ir sin la otra; una llama, estimula y es proporcional a la otra.
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Cuanto más oramos, tanto más descubrimos diferentes motivos para orar.
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Escucha, hijo mío, nunca acortes tus citas con Dios por la mañana, antes de irte.
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Aprende a intercalar breves oraciones entre las interrupciones y el ruido.
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Dios nunca está a más de una oración de distancia de usted.
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Todo es más sencillo cuando se ora.
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La oración da la fuerza y abre las puertas. Si bien no abre las puertas de las celdas de la cárcel, en cambio, sí, abre los corazones de los que se encuentran en ellas.
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Para ser escuchada por Dios, la oración debe estar acompañada del estado moral conveniente. La conciencia de su gracia nos guardará en la humildad (1 Pedro 5:5), que no presume de sus fuerzas sino que cuenta con Dios.Fuente: http://labuenasemilla.net  


lunes, 1 de octubre de 2012

La falsa comodidad de ser un cristiano invisible.


Puede que seamos de los que prefieren ocupar las bancas del fondo en nuestra iglesia, o esas que están cerca de la puerta para huir apenas termina la reunión…

Puede que, a la hora de escuchar el mensaje, estemos pensando a quién le vendría bien esa palabra. O seamos de los que tenemos una vida mucho más ocupada que la de los demás a la hora de las convocatorias para los ministerios…
 
Quizás somos de los que hace tanto tiempo que concurrimos a una congregación, que la verdad es que ya no hay nada nuevo bajo el sol y hay poco más que podamos aprender. Es que tenemos muchos años de creyentes y de experiencia…

¿Somos los del fondo del salón? ¿Somos los invisibles de siempre que preferimos el bajo perfil? ¿Somos, en definitiva, LOS TIBIOS…?

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.” Santiago 1:22-25

Ser de los invisibles es simplemente un engaño, porque la vida cristiana es radical: es de los hacedores. Los oidores viven la mentira de verse en el reflejo sin ser ni vivir la plenitud de la obra que Dios nos tiene preparada. ¿Para qué oímos si no vamos a escuchar la voz de Dios en su palabra? Nos engañamos de que el ir a la iglesia, levantar las manos o hacer actos de presencia es ser cristianos. Pero vamos a desenmascararnos: nos estamos engañando… y luego del oír, nada ha quedado en nuestro corazón.

La actitud del hacedor es la de “mirar atentamente en la perfecta ley”; examinando el interior y muriendo al yo en cada momento, rumiando con su inteligencia y dejando actuar el Espíritu para comprender aquello que resulta inaccesible para la pequeñez humana.

Es la actitud comprometida y sacrificada de “perseverar” en aquello que ha escuchado y reconoce que Dios debe obrar, abandonándose a sí mismo para entregarse en las manos del Creador para que lo haga de la forma en que debe ser.

Y “no se permite olvidar”, sino que retiene y reflexiona diariamente en su obrar, buscando agradar al Señor y glorificarlo con su vida.

Sin dudas la invisibilidad del oidor resultará más cómoda. Pero no fuimos hechos para esto. Dios nos ha dado dones, capacidades, inteligencia, recursos, para ponerlos a su disposición y ser grandes hacedores y bienaventurados. Seamos creyentes radicales y visibles. ¡Vivamos el Reino!
 
Fuente:Portal de la Iglesia Latina
 www.iglesialatina.org

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ocasiones de testificar

Esto os será ocasión para dar testimonio. Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.
Lucas 21:13-15

Ese lenguaje y esa sabiduría que Jesús nos promete son a veces silencios, señales de atención sin pronunciar palabras. El Espíritu Santo hace de todo creyente un testigo. Pero éste debe tener la valentía para reconocer a Jesús públicamente cuando todo lo incita a callarse en medio de un mundo marcado por las dudas.
Testigos de la fe son aquellos que soportan la burla de los que se mofan del cristianismo.

Testigos de la fe son los que consagran cada día una parte de su valioso tiempo a la oración y reservan el día domingo para el Señor.
Testigos de la fe son los esposos que permanecen fieles en medio de todas las parejas deshechas, a pesar de las dificultades por las que ellos también pasan inevitablemente.

Testigos de la fe son las personas mayores que soportan con paciencia los achaques de la edad y se interesan en los demás con bondad.
Testigos de la fe son los que consagran sus fuerzas o su tiempo a socorrer a las víctimas, a los excluidos, a los que pasan por las diferentes pruebas que abundan en nuestro mundo.
Testigos de la fe son los creyentes que soportan los sufrimientos sin quejarse, para preservar a los que los rodean.

Testigos de la fe son los que permanecen fieles, sean cuales sean las circunstancias de la vida, entregando su vida a la gracia de Dios.
Fuente:LaBuenaSemilla.net

martes, 20 de marzo de 2012

¿Tienes un Problema? ¡Llama al 5015!


Antes que clamen, responderé yo;
mientras aún hablan, yo habré oído.
Isaías 65:24.

Clamaron a Dios… y les fue favorable,
porque esperaron en él.

1 Crónicas 5:20.
En una revista cristiana se leía: «¡El número directo del cielo es el 5015!», haciendo alusión al Salmo 50, versículo 15: “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás”.

Nos alivia encontrar una solución a nuestros problemas cotidianos, pero las necesidades morales y espirituales también son numerosas. Entonces nuestros contemporáneos se vuelcan hacia todo tipo de ilusiones, espejismos y engaños. Le animamos a utilizar ese 5015, es decir, la oración de ese salmo.

Mejor es confiar en el Señor que confiar en el hombre” (Salmo 118:8). Dios es fiel y no decepciona a ninguno de los que se dirigen a él. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1). Muchos lo han experimentado en todo tiempo. “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma” (138:3).

¿Su pecado le abruma y siente su culpabilidad ante Dios? Él encontró el remedio, porque le ama: dio a su Hijo Jesucristo. Si usted cree en él y en la eficacia de su obra, es liberado de sus faltas, pues Cristo las llevó en la cruz. Entonces puede decir: “A ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados” (Isaías 38:17).
Fuente:LaBuenaSemilla.net

miércoles, 14 de marzo de 2012

Una Obra Misteriosa


(Jesús dijo:) Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.
Marcos 4:26-27.

Jesús emplea una comparación sorprendente para hacer entender a sus discípulos lo que hoy en día es “el reino de Dios”: la semilla que germina de forma invisible y crece para un día sacar a la luz los tallos y las espigas de la cosecha futura (Marcos 4:26-29).

Jesús mismo fue el sembrador que hizo el duro trabajo, tal como lo describe el Salmo 126:6: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla”. Sufrió mucho debido a nuestras faltas, hasta el punto de dar su vida por nosotros. Así, Jesús también fue aquella semilla de trigo que cayó en la tierra y murió para dar una vida nueva a multitud de gente (Juan 12:24).

El mundo ha seguido su curso; el pecado y los problemas que éste acarrea no dejan de extenderse por doquier. El reino de justicia y paz anunciado por Jesús no ha sido establecido… Pero, ¡Paciencia! Una obra misteriosa se está llevando a cabo; el poder de una vida escondida, pero victoriosa, está actuando. El Espíritu de Dios hace “nacer de nuevo”, por la fe en el Evangelio, una alma tras otra. Entran en ese “reino de Dios” que no veremos hasta el día en que Jesús vuelva por todos los suyos, para luego aparecer con ellos, triunfar sobre sus enemigos y establecer su reinado visible. “Volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Salmo 126:6).

Hasta ese día los creyentes son, así como él mismo fue, extranjeros en este mundo.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

viernes, 2 de marzo de 2012

Orar a Dios en nombre de Jesucristo



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De cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará… pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido… pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.
Juan 16:23-27

En Juan 16, el Señor anunció a sus discípulos que iba a dejarlos para regresar al cielo después de haber dado su vida en sacrificio por nuestra salvación.

Como es comprensible, la tristeza llenó el corazón de los discípulos cuando se dieron cuenta de que iban a quedarse solos en la tierra. Fue entonces cuando el Señor les reveló los recursos de la oración. Como esta promesa concerniría igualmente a todos los creyentes, salvos por haber creído en el Señor Jesús, nos fue transmitida mediante la Palabra de Dios.

¡Es una promesa extraordinaria! Estemos en donde estemos, sea cual sea nuestra situación, podemos pedir a nuestro Padre celestial que nos ayude, que nos enseñe el camino y que nos dé una salida.

Cuando oramos en el “nombre” de Jesús, es como si dijésemos a Dios: «Vengo a pedirte esto de parte del Señor Jesús». Esto supone, por supuesto, que él hubiese podido hacerlo en nuestro lugar, es decir, que nuestra petición sea de acuerdo con su voluntad. ¡Qué seguridad nos da esto para acercarnos a nuestro Dios! Él nos escucha, así como escuchaba a Jesús cuando estaba en la tierra. Jesús dijo: “Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11:42).

¡Tengamos plena confianza en la misericordia de nuestro Padre, quien llenará nuestro corazón de paz y alegría! De este modo no olvidaremos darle las gracias.

Fuente:LaBuenaSemilla.net



viernes, 24 de febrero de 2012

Controlar Nuestros Pensamientos


Cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él.
Proverbios 23:7.

La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús…
Todo lo que es verdadero… todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable,
todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna,
si algo digno de alabanza, en esto pensad…
y el Dios de paz estará con vosotros.
Filipenses 4:7-9.

¿Su mente está acosada por pensamientos negativos, malsanos o violentos? ¿Quiere realmente salir de ese callejón sin salida? En la Biblia Dios declara que la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud (Génesis 8:21) y que Dios conoce todo intento de los pensamientos (1 Crónicas 28:9).

Pero si reconocemos nuestra condición de pecador y aceptamos el perdón de Dios, podemos dejar en sus manos nuestra forma de pensar, pues por medio del Espíritu Santo la transformará. Sin embargo esto sólo funcionará si juzgamos y disciplinamos nuestros pensamientos.

El hombre va formándose por lo que domina sus pensamientos. Desechemos de nuestra mente los pensamientos negativos, por ejemplo la autocompasión, la amargura, la envidia, los pensamientos malsanos, y llenemos nuestra mente de todo lo que es verdadero, justo, puro, de buen nombre.


Luego, tengamos cuidado de no alimentar nuestros pensamientos con ideas e imágenes malsanas, violentas, perversas, transmitidas por los libros, la televisión e Internet, ¡Medios de comunicación que a veces difunden lo peor! También velemos sobre lo que leen, escuchan y ven nuestros hijos.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

Mirar a Jesús


Mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
Juan 1:36

Nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús.
Hebreos 12:1-2


«Mirar a Jesús. Sólo son tres palabras, pero en ellas está el secreto de la vida cristiana. Mirar a Jesús quien fue crucificado, a fin de hallar, en Su vida entregada por nosotros, nuestro perdón y nuestra paz.

Mirar a Jesús glorificado para encontrar en él la única justicia que nos justifica y permite que nos acerquemos a Dios.

Mirar a Jesús glorificado para tenerlo como el defensor celestial que ora sin cesar por cada uno de los suyos.

Mirar a Jesús para seguirlo por la fe y encontrar en su amor la fuerza para triunfar sobre nuestra rebeldía y sobre todos los ataques del mal y de Satanás.

Mirar a Jesús para que nuestras tinieblas se disipen ante la claridad de su amor, para que nuestras alegrías sean santas y tengamos tranquilidad en nuestras penas… para que nos enseñe a orar y responda a nuestras oraciones. Jesús nos deja en el mundo pero nos separa de él, porque nuestra vida está escondida con él en Dios, y entonces nuestra conducta puede dar testimonio de él ante los hombres.

Mirar a Jesús en la Escritura para aprender quién es, qué hizo, lo que da y lo que pide; para tomarlo como modelo, sus palabras como enseñanza y sus promesas como soporte».
Théodore Monod.

Fuente:LaBuenaSemilla.net


lunes, 6 de febrero de 2012

Los Hijos de Dios


¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?
Proverbios 30:4.
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
1 Juan 3:1.

En la Biblia Dios se da a conocer bajo diferentes nombres, cada uno de los cuales presenta uno de sus caracteres. El Altísimo evoca su grandeza, su soberanía sobre toda la tierra. Jehová es el nombre predominante en su relación con el pueblo de Israel.

Cuando Jesús, el Hijo de Dios, vino al mundo, el pueblo de Israel era su familia en la tierra, y era a ella a quien su Padre lo enviaba. Jesús les habló de él: “Vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Les dio a conocer a Dios como su Padre, siempre en estrecha relación con él. Pudo decir: “El Padre ama al Hijo”. “Yo y el Padre uno somos”. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 5:20; 10:30; 14:9).

Pero también leemos: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados… de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:11-13).

Se trata de una relación completamente nueva. Para ser un hijo de Dios, Jesús dice que es necesario “nacer de nuevo”. “Los que creen en su nombre”, cualquiera sea su nacionalidad, pasan a ser hijos de Dios; y él quiere reunirlos (Juan 11:52). Cuando Jesús salió de la tumba, envió a decir a sus discípulos: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre” (Juan 20:17). “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2). Hoy Dios ofrece el gozo de ser su hijo a todo aquel que cree en Jesús.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

sábado, 4 de febrero de 2012

"Como la estela de un barco..."


Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo;
y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.
Salmo 43:4.

El gozo del Señor es vuestra fuerza.
Nehemías 8:10.

La vida siempre contiene, al menos bajo la forma de nostalgia, un deseo de felicidad y alegría. Más o menos conscientemente, todos aspiramos a ella. No hay vida sin admiración, sin esos momentos en los que queremos cantar de alegría. Esa necesidad de alabanza es tan inherente a la vida humana que, si el hombre no alaba a Dios, exaltará cualquier cosa que lo reemplace: un ideal, un motivo político, algún tipo de arte, de deporte, etc. La historia de la humanidad muestra qué formas pervertidas puede tomar también este arrebato de exaltación cuando está desviado de Dios.

Pero el que confía en Dios descubre que la fuente de la alegría está en una persona: en Jesús. “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). Independientemente de cuál haya sido nuestro pasado y la gravedad de las faltas que hayamos cometido, podemos encontrar la respuesta a nuestra ardiente sed de felicidad confiando en Dios, creyendo en el Señor Jesús. Entonces gustamos de su alegría, y ésta permanece incluso en los momentos difíciles, tal y como han podido testificar tantos creyentes.

Esta alegría es completa cuando gozamos, por la fe, de la presencia de Dios. Él nos salvó y nos guía hacia el cielo, por ello podemos regocijarnos plenamente. Entonces, al igual que la estela de un barco, la alegría es el rastro del amor de Dios actuando en nuestras vidas.

Fuente:LaBuenaSemilla.net

jueves, 2 de febrero de 2012

Dios Admirable


Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
estoy maravillado…
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!
Salmo 139:14-15.

¡Cuán maravillosas son las obras de Dios! La creación me deja sin palabras, pues manifiesta tanto el poder como la infinita sabiduría de Dios, pero estoy aún más sorprendido y admirado de que Dios haya amado a una criatura tan rebelde e ingrata como yo. Tengo una viva esperanza y una firme confianza en Dios, las cuales están basadas en lo que él hizo por mí.

En efecto, lleno de misericordia, Dios me buscó cuando yo no quería saber nada de él. El hecho de haberlo ofendido debería hacer que me odiase y me rechazase. Pero sucedió todo lo contrario: Dios quiso pagar el gran precio para reconciliarme con él. En Jesucristo veo a Dios en la condición de hombre, quien sufrió y murió por mí que soy indigno, para hacerme justo, cosa que no hubiese podido hacer por mí mismo.


Debido al sacrificio de Cristo, ese Dios “misericordioso y clemente” (Salmo 103:8) manifiesta su misericordia hacia los que creen. La tuvo conmigo; y ante él mis pretendidos méritos no sirven para nada. Ahora puedo contar con él como un niño lo hace con su padre. Sé que no es tan sólo el todopoderoso Creador, sino que se interesa y tiene su mirada puesta especial y continuamente en mí. Sí, ¡Dios me ama!

Pero, hermano lector, ¡no pienses por eso que tengo suerte! Dios no hace distinción de personas; pagó el mismo precio por todos, y ofrece a cada uno su gracia. ¡También desea que  tú pases a ser su hijo!, acéptalo hoy mismo o regresa a tu primer amor, si es que ya lo habías olvidado. Dios te espera con los brazos abiertos.


Fuente:LaBuenaSemilla.net

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Nombre de Jesús‏


Dios también le exaltó (a Jesús) hasta lo sumo,
y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla
de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor.
Filipenses 2:9-11.


El nombre de Jesús significa «Dios salva». Jesús mismo es la salvación de Dios (Lucas 2:30); es el Dios que salva. Su nombre expresa su misión, el motivo de su venida al mundo.

¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”, suplicaron diez leprosos (Lucas 17:13). “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí”, clamó un ciego (Marcos 10:47). “¡Señor, sálvame!”, rogó Pedro. “¡Señor, socórreme!”, imploró una mujer (Mateo 14:30; 15:25). Jesús respondió a cada uno de ellos, y aún hoy continúa respondiendo a todo el que clama a él. Para ser salvos de nuestros errores y pecados hay que ir a Jesús por la fe.

Jesús… Ese nombre evoca la humanidad y los sufrimientos de Cristo. Fue contradicho, le tendieron trampas y, por último, fue crucificado. Pero, misterio del amor de Dios, por medio de su muerte Jesús vino a ser el Salvador del mundo. Al ser crucificado cumplió la obra de la salvación, “habiendo él llevado el pecado de muchos” (Isaías 53:12).

Cuando Jesús vino a la tierra fue despreciado y rechazado, y sigue siéndolo aún hoy por todos los que no creen en él. En cambio, para los que creen en Jesús, ese nombre expresa dulzura, amor y gloria. Pronto todos tendrán que reconocer la grandeza y la majestad de ese nombre. ¿Quién es Jesús para mí?


Fuente:LaBuenaSemilla.net

viernes, 13 de enero de 2012

¿Dios va a curarme ahora?



El Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.
Lamentaciones 3:31-33

¿Dios puede curarme? ¡Por supuesto, pues es todopoderoso!
¿Quiere hacerlo? ¡No necesariamente siempre!, ¿sorprendido por esta respuesta?

Dios puede tener otra intención para tu vida. El sufrimiento es difícil de soportar, y fácilmente suscita el sentimiento de oposición o de rebelión contra Dios, quien nos prueba, por medio del sufrimiento es como sacas a relucir lo que realmente llevas dentro del corazón.

El apóstol Pablo escribió a Timoteo: “…a Trófimo dejé en Mileto enfermo” (2 Timoteo 4:20). Pablo, quien tenía el don de sanidad, no lo había curado y tampoco pidió a Timoteo que lo hiciese.


Epafrodito, su colaborador, había estado enfermo y muy cerca de la muerte, pero tampoco intervino Pablo, quien al respecto escribió: “Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí” (Filipenses 2:27). Dios lo curó. Timoteo tenía problemas de salud (1 Timoteo 5:23), y Pablo sencillamente le dio algunos consejos.

El mismo Pablo había recibido una prueba dolorosa, la cual llamó “aguijón en mi carne”. No pidió a Pedro ni a ningún otro apóstol que lo curase. Suplicó tres veces al Señor que se la quitase, pero él le respondió: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9).

Sean cuales sean las circunstancias, estamos seguros de que la gracia y el poder de Dios intervendrán en el momento oportuno. Es difícil entender la voluntad de Dios cuando pasamos por la prueba. Si él lo juzga oportuno, sana. Él responde a la oración de fe (Santiago 5:15).

¡Confiemos en la sabiduría y en el amor de nuestro Padre!

Fuente:LaBuenaSemilla.net

jueves, 12 de enero de 2012

Dios Nos Contesta


Antes que clamen, responderé yo;
mientras aún hablan, yo habré oído.
Isaías 65:24.

(Jesús) Bien lo ha hecho todo.
Marcos 7:37.


Jesús dijo a sus discípulos: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad” (Mateo 6:8). A través de su Palabra, la Biblia, quiere satisfacer todas nuestras necesidades.

¿Qué debo hacer para ser salvo?” Esta pregunta traduce nuestra primera necesidad espiritual, es decir, ser liberados del pecado y de la muerte. La Biblia responde: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16: 30-31). Y cuando somos salvos se ocupa de nosotros como de sus propios hijos. Si somos débiles, a menudo estamos cansados, inquietos o a punto de dudar de sus promesas, incluso en esas circunstancias quiere hablarnos.

–¿Nuestra fe vacila? Jesús nos dice: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:31). Y también: “No temas, cree solamente” (Marcos 5:36).

–¿Estamos cansados? Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

–¿Estamos inquietos? “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

–Si sufrimos, no olvidemos que “las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

–“¿Está alguno alegre? Cante alabanzas” (Santiago 5:13).


Confía en Dios, El sabe lo que sucede dentro de tí, porque no hay nada oculto para El, nuestro Señor puede ver claramente lo que hay en tu corazón.

"Para el que cree todo le es posible".

Fuente:LaBuenaSemilla.net